Vecinos se organizan contra desarrollos que amenacen el arbolado urbano
María Gabriela Tomasini, vecina de San Isidro con casi 40 años en el partido, expone en una entrevista exclusiva la profunda preocupación vecinal por un complejo habitacional proyectado en la calle Tomkinson. Con más de 1.600 firmas recolectadas y una causa judicial en marcha, denuncian relevamientos forestales apócrifos, violaciones a la normativa urbana RB3 y la pérdida irreparable del patrimonio natural de la zona.
El crecimiento urbano y la preservación del patrimonio ambiental volvieron a chocar de frente en el partido de San Isidro. Un proyecto inmobiliario proyectado frente al histórico Instituto "Román Rosell" y el Centro Municipal "Ramón Carrillo", encendió las alarmas de la comunidad y desató un conflicto judicial que ya lleva más de dos años.
En un predio esquinero de San Isidro, sobre la calle Intendente Tomkinson 2147, esquina Isabel la Católica, sobrevivía un ecosistema urbano extraordinario con más de 50 árboles maduros, muchos de más de medio siglo, refugio de aves residentes y migratorias, y parte inseparable del paisaje del barrio.
La empresa desarrolladora Zanara S.A., encabezada por el ingeniero Carlos Francisco Darmandrail, tramitó la autorización municipal para construir el barrio "La Isabella", un complejo cerrado de 9 casas de lujo con acceso por calle interna, fachadas de ladrillo a la vista y siding, y unidades de 2 plantas y 3 dormitorios, que comercializa la empresa Z Díaz Saubidet Propiedades.
Ya en Diciembre de 2024 el ingeniero agrónomo Roberto Ishikawa era categórico al señalar que no existían razones fitosanitarias que justificaran la extracción de ningún árbol del predio, lo que lleva a la conclusión de que las motivaciones de Zanara S.A. son puramente comerciales y carentes de todo respeto por las normas y del valor integral que tiene el arbolado para la comunidad.
En diálogo con Portal UNO, María Gabriela Tomasini detalló los pormenores de un expediente que movilizó a cientos de frentistas. Según explicó, la controversia comenzó en Marzo de 2024, cuando la Municipalidad de San Isidro autorizó la creación de un barrio cerrado de 9 viviendas, un quincho y una pileta comunitaria en un predio de menos de 2.900 metros cuadrados.
Un pulmón verde en riesgo y normas vulneradas
El núcleo del reclamo se ubica no en la oposición a los desarrollos privados ni a la inversión, sino a la forma en que se ejecutan y al impacto ecológico y sus consecuencias en la calidad de vida.
De acuerdo con los testimonios y expedientes presentados, el terreno contaba con una rica y valiosa variedad arbórea constituida por más de 50 árboles—incluyendo enormes liquidámbares, Parrotias persicas únicas en el municipio, acacias, y Spathodeacampanulata — de los cuales 41 fueron omitidos en los planos presentados por la empresa desarrolladora.
El inventario real de especies identificadas en el predio de Int. Tomkinson 2147 incluye Acacia de Constantinopla, Arce japonés, Castaño de Indias, Alcanforero, Pata de vaca, Ciprés azul, Ciprés piramidal, Datura / Floripondio, Ginkgo, Acacia negra / Gleditsia, Hamamelis, Jacarandá, Crespón, Ciprés de Leyland, Liquidámbar, Ombú, Paraíso, Árbol de hierro persa, Palmera real australiana, Tulipán africano, Ciprés calvo, Ciprés de Berbería y Viburnum. Veintitrés especies distintas, muchas de ellas con ejemplares de más de 50 años, algunas raras o difíciles de encontrar en otros puntos de San Isidro — como el árbol de hierro persa (Parrotia persica), el arce japonés o el liquidámbar. Ninguna de estas especies puede reponerse plantando un ejemplar joven en otro lado, y ninguna puede “no existir” solo porque no fue incluida en un plano.
"El distrito cuenta con la norma RB3, muy clara en San Isidro: una casa cada 800 metros cuadrados residenciales. Sin embargo, avanzan con una zonificación menos restrictiva en contra del entorno y de los vecinos" señaló Tomasini. Asimismo, advirtió sobre el incumplimiento incluso de los propios trasplantes de árboles autorizados por la comuna, documentados mediante filmaciones de drones y respaldados por informes de destacados arboristas del país, como el ingeniero agrónomo Carlos Anaya y especialistas como el ingeniero Ishikawa.
Judicialización y resistencia comunitaria ante la falta de respuestas
Ante la falta de respuestas satisfactorias de los funcionarios municipales, incluyendo reuniones con Adrián Gabriel Bedate, Director General de Ordenamiento Urbano, y el intendente Ramón Lanús, los vecinos decidieron judicializar el reclamo. Actualmente, la causa se encuentra a la espera de medidas cautelares y amparos destinados a frenar el avance de la obra y evaluar el daño ambiental ya consumado.
Pese al panorama desalentador en el predio, donde los vecinos denuncian que ya se han arrasado ejemplares protegidos, la respuesta social ha sido contundente. A través de iniciativas digitales como la cuenta de Instagram @sanisidroysusarboles, que ya cuenta con más de 7.700 seguidores, y la recolección de más de 1.600 firmas contra este proyecto, la comunidad busca sentar un precedente normativo.
"La política tiene que tener bien claro que los funcionarios son temporales y administran lo nuestro, pero no pueden arrasar con nuestra identidad ni con el espíritu verde de San Isidro", concluyó Tomasini, haciendo un llamado a la unidad de los barrios vecinos para defender el patrimonio ambiental y exigir transparencia institucional.