Retomando los pronunciamientos de los obispos del Triveneto y de Apulia, el Cardenal Matteo Maria Zuppi (70), presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, ha rechazado la eutanasia y ha pedido al gobierno de su país que llene el vacío existente en materia de cuidados paliativos.
Lo hizo en la apertura del Consejo Episcopal Permanente de la C.E.I., reunido en Roma del 21 al 23 de Septiembre, en una amplia intervención que abordó también la guerra, la inmigración, la escuela y las reformas internas de la Iglesia en Italia.
El arzobispo de Bolonia articuló su discurso en torno a la reciente encíclica del Papa León XIV, Magnifica humanitas, que presentó como una "brújula preciosa en momentos en que tantas veces uno se encuentra humana e intelectualmente desorientado". Según recoge la crónica de Vatican News, Zuppi exhortó a la comunidad eclesial y civil a no archivar esas orientaciones como un rito pasajero, sino a trasladarlas a la vida del país y a su ordenamiento jurídico. La Iglesia italiana, afirmó, encuentra en la "comunión su fuerza" y solo a través de ella se convierte en un "faro de esperanza".
Cuidados paliativos frente a "compasión ilusoria"
El pasaje más contundente de la intervención estuvo dedicado al final de la vida terrenal. El Cardenal expresó la preocupación del episcopado por los impulsos legislativos favorables a la eutanasia en casos de sufrimiento grave.
Apoyándose en Magnifica humanitas, advirtió de que la sociedad actual tiende a interpretar la enfermedad, la vejez y la vulnerabilidad únicamente como "defectos que corregir".
Frente a ello, pidió responder al sufrimiento "con soluciones concretas (empezando por los cuidados paliativos) y con políticas de auténtica solidaridad, no con formas de compasión ilusoria como la eutanasia". En línea con los pronunciamientos de las Conferencias Episcopales Regionales del Triveneto y de Apulia, reiteró que "no puede existir un 'derecho a morir', sino el derecho a ser atendidos, asistidos y nunca dejados solos".
El presidente de la C.E.I. precisó la posición de la Iglesia con estas palabras: "Seguimos considerando que la verdadera conquista de civilización no es la supresión de la vida, sino el cuidado que alivia el sufrimiento. La Iglesia rechaza el ensañamiento terapéutico y reconoce la licitud de la renuncia a tratamientos desproporcionados: distingue, sin embargo, esta renuncia de la intención de procurar la muerte. Entre el ensañamiento y la anticipación de la muerte hay un espacio que las instituciones tienen el deber de llenar antes de abrir otros: el de los cuidados paliativos, la terapia del dolor, la asistencia domiciliaria y en los hospicios, el apoyo a las familias y a los cuidadores".
Zuppi pidió a las fuerzas políticas que no conviertan la cuestión en materia de propaganda ni de enfrentamiento electoral o ideológico. La verdadera urgencia, sostuvo, es asistencial, y es precisamente el retraso estructural del Estado el que genera desigualdad, desorientación y sufrimiento. Reclamó un debate parlamentario amplio, responsable y libre de hipocresías: "Es precisamente en el cuidado de quien es más débil donde una comunidad civil mide su propia humanidad. Que nadie se quede solo, que nadie se sienta una carga: este es el compromiso que pedimos a las instituciones y que, como Iglesia, seguimos viviendo cada día junto a quien sufre".
"Italia es un país que evangelizar"
Tras recordar al Cardenal Camillo Ruini, fallecido el 16 de Junio, y su pasión por una "fe pensada y vivida", Zuppi evocó el quincuagésimo aniversario del primer Congreso Eclesial Nacional de 1976, dedicado a "Evangelización y promoción humana" e impulsado por monseñor Enrico Bartoletti, entonces secretario de la C.E.I. Ya entonces se advertía el riesgo de una fe reducida a "cansada costumbre y sin relevancia alguna en la vida".
La afirmación de aquel encuentro, "¡Italia es un país que evangelizar!", no debe entenderse, según el Cardenal, como un eslogan del pasado ni como motivo de resignación ante el descenso de fieles, sino como mandato para unas parroquias llamadas a superar la inercia y la tentación del repliegue defensivo.